lunes, 1 de mayo de 2017

Amparo Marroquín habla en CRYSOL sobre la función social de la filosofía en El Salvador


Amparo Marroquín, profesora de la UCA (Universidad Centroamericana) de El Salvador hablará en la próxima sesión del seminario Crítica y Solidaridad del Departamento de Filosofía y CCHH del ISTIC el 11 de mayo del 2017 a las 20:00.


La profesora Marroquín disertará sobre "La Función liberadora de la filosofía en El Salvador".

Presenta y modera: Nivaria Ortega

Entrada y salida libres.




lunes, 3 de abril de 2017

Sesión de CRYSOL: las órdenes religiosas como terapia de shock

El próximo jueves 6 de abril tendrá lugar el siguiente encuentro de estudio del grupo CRYSOL.

El texto de referencia es el libro de Johann Baptist Metz El tiempo de las órdenes, que se ha ido distribuyendo por correo electrónico a los participantes.

Hora: 20:00
Lugar: 3ª planta del ISTIC (Campus de Tafira, Las Palmas de Gran Canaria)

Entrada y salida libres.


"La más breve definición de religión: interrupción.
(...)
Primeras categorías de la interrupción: amor, solidaridad que se "toma tiempo" (M. Theunissen) y recuerdo que no solo evoca lo logrado, sino lo destruido; no solo lo realizado, sino lo perdido, y así se vuelve contra el triunfalismo de lo madurado y permanente: peligroso recuerdo que, así justamente, salva el continuum cristiano"

                                                                                                       J. B. Metz



miércoles, 22 de marzo de 2017

Antidio Cabal: Una filosofía del futuro


 Daniel Barreto

La escritura de Antidio Cabal (1925-2012) busca el punto de extrema intensidad en el que se cruzan poesía y filosofía. Ahí podría darse la apertura del pensamiento más allá de sí mismo, a un mundo que no fuese del todo traducible a la idea. Era ese el plan de Feuerbach cuando abogaba por una “filosofía del futuro”. Por eso, en el ensayo preliminar del libro Parasangas, editado ahora en el mismo volumen que el poemario Atmósfera (Tamaimos, 2016), Antidio Cabal comenta con lucidez a Feuerbach y cita sus “Tesis provisorias para la reforma de la filosofía”: “La cualidad real precede a la cualidad pensada”. Y de ahí también su proximidad tácita a María Zambrano, con quien comparte resistencia espiritual a la dictadura franquista. La razón poética que esbozó la pensadora nómada intentó romper la fijación en el “ser ideal” y atender a la “fluyente, movediza, confusa y dispersa heterogeneidad, que es el encuentro primero de toda vida”.
            La tradición filosófica dominante en Occidente ha sido el idealismo, el proyecto de reducción de la pluralidad del mundo a la unidad de la idea, instalada ilusoriamente fuera del tiempo. Esta reducción no es solo un asunto teórico, está en el fundamento de las prácticas que han hecho posible, en la modernidad, la explotación industrial del planeta. Su requisito filosófico fue concebir la naturaleza como una suma de partes mudas con relaciones mecánicas, una fábrica destinada a producir combustible y, a día de hoy, organismos genéticamente modificados.
            Para combatir el idealismo ayudaría el trato con la palabra poética, anclada en la sensibilidad, atenta a la diversidad del mundo y su proliferación en la fantasía. Pero no se trata de diluir la filosofía en poesía, sino de pensar de otro modo. Para Cabal, alumno de J. David García Bacca y Juan Nuño en Venezuela, la opción por la poesía se hace en interés de la propia razón, significa retornar a Grecia, especialmente a tres de los presocráticos: Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes. Ahora bien, convendría cuidarse aquí de semejanzas forzadas. No es una vuelta al estilo de Martin Heidegger y el autoritarismo del origen. Para Antidio Cabal, como cuenta en su antología Campo nublo (1957), el despertar filosófico tiene su culmen en la figura de Sócrates, a quien descubrió en el instituto Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria. No la pregunta por el ser, sino la salvaguarda socrática del hombre, el “conócete a ti mismo”, deslengua su escritura. Y no la humanidad en abstracto —nueva versión del idealismo— sino los seres humanos con nombre propio. Es revelador que, en los años cuarenta, Cabal asocie su descubrimiento de Sócrates a la memoria de los asesinatos cometidos en la Sima de Jinámar. Sabía, como muchos otros, que partidarios de Franco habían arrojado allí a sus víctimas. Crímenes que siguen abiertos, tanto en 2017 como entonces. Aunque las “políticas de la memoria” se empeñen, las injusticias no envejecen. Para el joven filósofo, la lealtad socrática a la verdad estaba unida a la exigencia de justicia.
            La razón aprende que ignorar sus propios límites condujo a las mitologías modernas, al totalitarismo. Como si fuese indispensable la vecindad con lo que desborda la razón para no perderla: “La cordura me acosa/con toda su irracionalidad”, leemos en Atmósfera. La afinidad socrática convierte al propio Antidio Cabal en interpelado continuo del poema. El diálogo interior descubre la diferencia que habita la propia intimidad, sustraída a toda clausura intemporal: “no poseo mi yo como sujeto/una cantidad de mí está fuera de alcance”. Antonio Jiménez Paz, a quien muchos debemos desde hace años la lectura de Cabal, ha subrayado la radical expresión del “yo único” en sus poemas. Creo que la motivación era ética: resistir al autoritarismo que convierte al individuo en simple cantidad sacrificable.
            La palabra poética podría afinar el sentido temporal de la filosofía. El tiempo, como se sabe desde Kant, es una de las condiciones de la experiencia. Precisamente, la relatividad humana del tiempo es el ostinato de Parasangas. La objetividad marcial de los relojes coopera con el idealismo, degrada el tiempo humano a espejismo. En cambio, la “parasanga” de Jenofonte era una medida humana abierta a las diferencias de espacios y tiempos sociales. De ahí que el esfuerzo de escritura consista en impugnar el desdoblamiento jerárquico de la vida entre lo sensible y la esencia. La poesía podría inspirar una filosofía que no despreciara a cada ser humano único en nombre de ídolos abstractos, sean el Crecimiento, el Progreso, la Razón de Estado o el Capital.

            Las fuerzas para esa colaboración son exiguas. Hoy la filosofía es desterrada fuera de la sociedad de la mercancía o condenada a muerte, como hicieron con Sócrates. Urge cuidar los lugares donde irá a refugiarse para resistir, más o menos clandestinamente, hasta que despunte un futuro mejor. La poesía de Antidio Cabal es uno de esos refugios.



lunes, 20 de marzo de 2017

La complejidad posmoderna, por Sonia Mauricio

La doctora en estética Sonia Mauricio, participante también en el grupo CRYSOL de nuestro Departamento de Filosofía del ISTIC, impartirá el jueves 23 de marzo la conferencia "La complejidad posmoderna y otras cuestiones" en el Aula Manuel Alemán de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, a las 19:30 (aula de Piedra del Rectorado, c/ Juan de Quesada, en Vegueta).

Como indicó la ponente en el último encuentro de CRYSOL, durante le mes de marzo no hemos tenido sesión de estudio del grupo y la ocasión de escuchar a Sonia es inmejorable para vernos y seguir en el diálogo, la reflexión y la crítica compartida.

El próximo encuentro de CRYSOL es el 6 de abril.

sábado, 18 de febrero de 2017

"El urbanismo líquido", conferencia de Eugenio Reyes


El próximo jueves 23 de febrero, Eugenio Reyes Naranjo interviene en el Aula Manuel Alemán de la ULPGC con la ponencia "El urbanismo líquido: Apuntes para una aproximación filosófica a la ley del suelo de Canarias".
 
Hora: 19:30 horas. 

Lugar: Aula de piedra del Rectorado en la c/Juan de Quesada.

Desde su origen clásico en el que la Filosofía nace en las polis griegas , territorio y filosofía han tenido a lo  largo de la historia vínculos fecundos. En esta sesión pretendemos aportar, desde  una mirada crítica,  una  reflexión  filosófica sobre la proposición de ley del suelo de Canarias, que está en trámite parlamentario.
Qué modelo de personas/cuidado propone, qué valores neoliberales la alimentan, qué perspectiva ética oculta hay detrás de la nueva  propuesta de ordenación del suelo serán centrales en el desarrollo de la misma, con alguien muy implicado tanto práctica como teóricamente en el tema y en las iniciativas recientes.

Eugenio Reyes Naranjo es Licenciado en Sociología, Técnico en Gestión Sostenible de Fincas Ecológicas, Técnico Superior en Energías Renovables y Técnico Ambiental en Socio-botánica. Con más de 30 de años de experiencia en la agricultura ecológica y lleva  25 años trabajando en el  Jardín Canario, es Premio Canarias de Medio Ambiente, (modalidad colectiva). Director del Banco de Saberes de la Tierra y del Aula de la ULPGC de estudios de Globalización, Paz e Interculturalidad,  publicaciones relevantes como el Vademécum Practicum de Iniciación a la Agricultura Ecológica, publicaciones sobre territorio y decrecimiento próspero, ponente varias leyes sobre medio ambiente de Canarias ( directrices de sostenibilidad de Canarias, Pecan, ley de voluntariado de Canarias entre otras).



sábado, 28 de enero de 2017

"El olvido de sí" próxima sesión de CRYSOL

El jueves 16 de febrero tendrá lugar el próximo encuentro del grupo CRYSOL del Departamento de Filosofía y Ciencias Humanas del ISTIC. El título del encuentro es "Charles de Foucauld y la resistencia solidaria"

Pensaremos juntos en torno a El olvido de sí, novela de Pablo d´Ors sobre la vida y el testimonio de Charles de Foucauld, referente imprescindible para la renovación en el siglo XXI de la experiencia de los padres del desierto.

Hora: 20:00
Lugar: Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC), Campus de Tafira

Entrada y salida libres

viernes, 20 de enero de 2017

El alma como mercancía


 Daniel Barreto

Uno diría que apelar a la “inteligencia emocional” significa reivindicar la empatía frente a una razón fría y abstracta. Curiosamente, al profundizar un poco en su pequeña historia, encontraremos una concepción como mínimo cuestionable de la vida interior. Según muestra la socióloga Eva Illouz en su librito El futuro del alma (Katz, 2014), la inteligencia emocional es indisociable de la “gestión emocional”, expresión que se ha difundido masivamente en las conversaciones cotidianas para hablar de nuestros sentimientos de un modo que hubiese escandalizado al poeta John Keats o a la novelista Jane Austen.

Durante la década de los noventa, la “cultura” empresarial comenzó a considerar las emociones un factor decisivo en la evaluación del rendimiento laboral. La psicología aportó los estándares que servirían para cuantificar los grados de adaptación del trabajador a las exigencias de la empresa. Las emociones eran tenidas en cuenta como recursos que debían ponerse al servicio del proyecto y, por tanto, ser controlados para no obstaculizar la entrega anímica a la productividad.

Un empleado es calificado como inteligente emocional cuando canaliza sus estados de ánimo en función de la maximización de beneficios. La melancolía o la depresión no serán vistas entonces como necesarios procesos de duelo, momentos de búsqueda personal o el anhelo de una vida diferente, sino experiencias improductivas para todo “buen gestor”. Lo mismo diríamos de una compasión sin cálculo que se saltara a la torera la competición de todos contra todos o un encuentro amoroso que arrebatara al individuo un ápice de interés por rendir culto tanto a la aceleración cotidiana como al imperativo asfixiante del ocio industrial.

Aunque la retórica de la inteligencia emocional valora la cooperación, en realidad se trata de la cohesión del grupo que compite a dentelladas contra otros grupos empresariales. Eva Illouz no lo menciona, pero lo cierto es que, a partir de su crítica, cabe desvelar las implícitas afinidades políticas del famoso libro de Daniel Goleman, Inteligencia emocional. Basta leer con atención el capítulo titulado “Los solitarios y los marginados”, donde el autor culpabiliza a los inadaptados sociales de su propia relegación. Ni siquiera tímidamente se le ocurre sugerir que las doctrinas neoliberales consagran la ley del más fuerte. La inteligencia emocional podría acabar funcionando entonces como una ideología de adaptación obsesiva a la sociedad de mercado.

¿Qué implica el hecho de que la evaluación de la gestión “correcta” de las emociones se deje cada vez más en manos de expertos? La pérdida de autonomía y singularidad. La libertad para interpretar los sentimientos fuera de la lógica del triunfo económico podría traer contratiempos y, para quien se atreviese a forjar un carácter propio, el riesgo de la marginación. La disyuntiva es endiablada, tal vez irresoluble. Si uno reprime los sentimientos incompatibles con las exigencias mercantiles, evitará sucumbir y seguirá integrado. Pero esa misma represión le hará perderse a sí mismo y arrastrar su vacío interior como un zombie, un poco al estilo del personaje de Edward Norton al comienzo del film El club de la lucha.
            
        La gestión emocional no se queda en los centros de trabajo o frente a la pantalla de tantos “trabajos inmateriales”, como dice con enternecedor entusiasmo Toni Negri, sino que se traslada al tiempo libre. Entonces, en aquellos ámbitos donde se suponía no iba a regir el fragor de la concurrencia, se introduce el dictado de las emociones estratégicas. Las etiquetas psicológicas colonizan la intimidad hasta el punto de que las propias emociones se vuelven extrañas para quienes las viven. De ahí que se recurra cada vez más a técnicos del alma como el coach del amor.
            
         El grado siguiente de despersonalización se alcanza cuando el experto ya no es un profesional con nombre, apellidos y titulación, sino una máquina. Las páginas de internet dedicadas a la búsqueda de pareja refuerzan la formalización mercantil y por tanto abstracta del amor. La propia Eva Illouz inscribe el análisis de esos portales electrónicos en su disección del “capitalismo emocional”. La página de contactos descompone nuestra individualidad en descriptores fosilizados: “extrovertido, atlético, sano, no fumador, amante de la naturaleza”. Esta captura sin resto en casillas y generalidades nos vuelve intercambiables y, por eso mismo, tiende a cosificarnos.

Internet da otra vuelta de tuerca a la complicidad entre psicología y consumismo. La elección de pareja obedece al cálculo del consumidor que procesa información para escoger, supuestamente, cada vez mejor. En ese sentido escribe Eva Illouz: “Los encuentros en internet se convierten en transacciones económicas, aceptadas como tales por los propios usuarios”. Sin embargo, la cosificación se vuelve parcialmente consciente y por eso prolifera el cinismo. Como se sabe, adoptamos una actitud cínica cuando comprendemos la falsedad o la ilusión de una acción, pero al mismo tiempo no podemos evitar participar en ella.
            
          El amor romántico de la literatura del siglo XIX se caracterizaba, entre otras cosas, porque la lógica de la mercancía quedaba suspendida o al menos enfrentada a alguna forma de resistencia. En la inmersión romántica no hay un desmembramiento del individuo en propiedades vendibles, sino un singular que despierta nuestra fantasía, alimentada por la cultura y la memoria. Es verdad que el enamoramiento conlleva una idealización fantasiosa, pero en relación con alguien que existe y es único.

          Unos mínimos de singularidad y autonomía, la posibilidad de “experiencias no reglamentadas”, como decía Theodor W. Adorno, están en peligro de extinción, si nuestras propias emociones se han traducido a estándares objetivos por los que somos evaluados en el trabajo y seleccionados o descartados sin esperanza en las páginas de contactos. Quizá por eso los millones de retratos de internet recuerdan vagamente a aquel gato de Alicia en el país de las maravillas que exhibía una sonrisa sin rostro antes de esfumarse y no dejar huella.